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—Tu espíritu está en modo sándwich —me dijo Essael, con una cara de asco que parecía dirigida al universo entero.
—¿Qué?. Le pregunté.
—Estás colapsado. Tu cuerpo pide auxilio. Caminás como si llevaras siglos de resignación en la espalda. Y así, ¿querés que tu energía circule?
Me senté como pude, tratando de enderezarme.
—No se trata solo de “pararte derecho”. La postura es una expresión del recorrido de tu alma y el brillo de tu Espíritu. Si tu pecho está cerrado, tu campo energético también. Si tus pies no sienten la tierra, vivís flotando en la fantasía. Y si tu cabeza cuelga, es porque ya hace rato que dejaste de mirar al horizonte.
—Pero estoy trabajando en mi energía... medito, hago mis prácticas…
—No sirve si tu cuerpo sigue respondiendo al molde de la sumisión. Primero se reestructura la forma, después se expande la energía. Vos querés iluminar una casa con los cables rotos.
Me dolió.
—No hay flujo sin estructura —dijo, y desapareció entre los árboles del desierto.
Y yo me quedé ahí, enderezando mi espalda como si enderezara la historia que me había contado hasta ahora. |